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El error forma parte de la vida, base del aprendizaje y parte de nuestro crecimiento, por tanto también parte de nuestros éxitos.

El error forma parte de la vida, base del aprendizaje y parte de nuestro crecimiento, por tanto también parte de nuestros éxitos.

Va en el ser humano evitar cualquier acción o emoción que pueda crearnos inseguridad y desconfianza, por lo que nos es más fácil no afrontarlo y vivir en la comodidad, en esa zona en la que no arriesgamos.

El portero es aquella posición dentro del campo cuyo rol es el de proteger la portería, el guardián del equipo, con reglas propias para su demarcación y único dentro del juego.

Tratar el error de forma constructiva será clave en su rendimiento y por supuesto será la forma de adquirir experiencia, la cual será la base de nuestro aprendizaje. Hacerse amigo del error, aprender a vivir con ese riesgo, como algo inherente a su trabajo y sin afectar a su rendimiento.

Su trabajo exige una concentración máxima durante todo el partido. Es imprescindible estar conectado a la acción en estado de alerta continua, cualquier despiste, puede pasar factura ya que el fallo del portero es muy manifiesto y puede tener una gran trascendencia sobre el resultado. Para el resto de jugadores éste pasa mucho más desapercibido y no es tan determinante sobre el resultado final. Desde una lógica emocional el portero vive bajo mucha presión, pendiente de no fallar, lo que le hace estar mucho más inseguro por la responsabilidad que conlleva su demarcación, siendo muy importante para éste, tener esa sensación de seguridad con todo lo que le rodea.

La mente de alto rendimiento automáticamente tiene que borrar el registro del error cometido y prepararse para aprovechar la nueva oportunidad que está por llegar. Esto es clave para estabilizar la confianza y permite perseverar sin límite hasta alcanzar la meta
trazada.

La confianza en uno mismo es la base para un rendimiento óptimo. Esta confianza va proporcionalmente relacionada al número de errores o aciertos que cometemos, a nuestras experiencias pasadas y a la percepción que tenemos de nuestra propia actuación en cada una de ellas.

Por tanto va a buscar trabajar en su zona de confort, zona en la que se siente cómodo y seguro haciendo lo que domina, sea agradable o no. Esta zona de seguridad normalmente limita las actuaciones ya que cuesta asumir riesgos.

El portero, puro transmisor de emociones y sensaciones, el primero en transmitirle tranquilidad y seguridad, la voz del equipo.

Son diferentes los errores que podemos encontrarnos bajo palos; cuando hablamos de fallos de percepción pueden tener relación directa con el nivel de concentración.

La información que nos llega durante el partido hay que saber procesarla correctamente y por ello un nivel de activación adecuado nos facilitará una mayor atención a los estímulos relevantes y por tanto nos ayudará a tener una mejor toma de decisiones.

Durante la toma de decisiones intervienen muchos factores psicológicos y tácticos que nos facilitarán o no realizar con éxito la acción planteada.

Por último a nivel de ejecución, el error será debido a no realizar correctamente dicha acción.

El error aquí se paga caro, el portero al ser el último hombre antes de la portería, cualquier fallo aumenta la probabilidad de gol.

La experiencia como en todo, trabajar variables psicológicas importantes (concentración, atención, nivel de activación) y visualizar situaciones reales de partido junto al trabajo técnico y táctico, ayudarán a minimizar el error.

Hay que entender que el error forma parte del juego y que es imposible no fallar nunca. La diferencia está en si se sabe manejar la situación después de un error o si es la situación la que le maneja. Si consigue inmediatamente focalizar de nuevo la atención sobre el juego o si se va del partido y ya no se consigue volver a él.

 

 

POR:

 

-  LORENA COS                                           (Psicóloga Deportiva)

-  MIGUEL ANGEL ALVAREZ                      (Entrenador de Porteros del CE Sabadell)